Historia

El origen del perdiguero de Burgos

       La imagen más antigua que existe de perros de la raza aparece en el cuadro titulado “Retrato en traje de caza del Príncipe Carlos”, realizado por Rafael Mengs en 1765:


En la parte inferior izquierda del cuadro nos encontramos con la inconfundible estampa de un perdiguero de Burgos: se representa perfectamente un perro de la raza ya en 1765.

 

       En la parte inferior izquierda del cuadro nos encontramos con la inconfundible estampa de un perdiguero de Burgos: se representa perfectamente un perro de la raza ya en 1765. Aunque, como ya hemos visto, el perro de muestra nace ligado a la caza con red y la cetrería, en el siglo XVIII, época del nacimiento o consolidación definitiva de la raza –pues no existen citas ni representaciones anteriores-, la opción más lógica es ligar al perdiguero de Burgos con el establecimiento general de las armas de fuego que tiene lugar en esas fechas. De hecho, en el cuadro se plasma perfectamente esa relación.

       El perdiguero de Burgos nació ligado a las clases privilegiadas, ya que entonces el pueblo común tenía restringida la actividad cinegética, y debe asociarse por lo tanto, como en el propio cuadro se representa, a clases económicamente pudientes, aristocracia y clero, que son las que además pueden con mayor facilidad dedicarse a una labor de selección, ellos mismos o a través de sus Guardas de caza, para crear un perro adaptado y poder disfrutar de sus privilegios en la caza.

       La primera persona en exponer el origen de la raza en 1956 fue Don Fernando Huerta Ramírez, un gran defensor del perdiguero de Burgos, en el artículo “Perros de caza de España y de otros países” en la Revista Caza y Pesca(noviembre 1956, p. 672):

            “Es de suponer que también provengan estos animales de acertados cruces de nuestro antiguo perro de muestra español (el tan citado “old spanish pointer” de los ingleses), del que conserva las preciosas cualidades que le afamaron, y (…) del sabueso.”

       Nuestra raza no surgió por casualidad: nuestros antepasados buscaban un perro que compaginase las virtudes de un perro de muestra con las de un perro de rastro. De hecho, del sabueso ha adquirido la facilidad de seguir los rastros, su afición a las piezas de pelo e incluso la caza mayor, su ladrido tan característico y las líneas cráneo-faciales divergentes, típicas de la raza. Del perro de muestra ha adquirido la capacidad de muestra, su sistema de caza, siempre pendiente del dueño, y el cobro o entrega de la pieza al cazador.

 

(Textos seleccionados del libro “El perdiguero de Burgos: historia, características y futuro”, de Ángel Martínez).

 

 

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