Caza

Resistencia al terreno y al clima

       Una de las mejores virtudes de la raza es su resistencia y su adaptación a los terrenos más duros y a los climas más extremos. Como esclarecedor sobre este aspecto presentamos el reportaje “EL POINTER” (Revista Caza y Pesca, sep. 45), por  Juan Héctor Picabia, basado en la bibliografía cinegética escrita por el inglés Mr. Arkwright. El autor reflexiona en su relato:
           
       “Volviendo al “pointer” y su empleo, hemos de añadir que se emplea especialmente para cazar “grausses” en tierras de Escocia, que es donde esta hermosa gallinácea se cría, siendo de advertir que estas tierras son de gran extensión y están cubiertas solamente de brezos, sin árboles y matas altas que puedan entorpecer el campeo al galope y de gran amplitud que el “pointer” practica y en el cual consiste la mitad de su mérito, siendo la otra mitad su busca exclusiva a viento alto y la gran distancia a que ventea y para la caza. Las muestras son espectaculares y emocionantes en alto grado. Los “grousses” se crían en bandos como nuestras perdices y aguantan la muestra durante mucho tiempo, condición “sine qua non” para que éste género de caza pueda llevarse a efecto”.

       La tan traída y llevada adaptación del perro al terreno aparece aquí tratada con una lógica aplastante. El método de caza del pointer es el galope buscando por alto, con la condición “sine qua non” de que la caza aguante la muestra mucho tiempo. Si, por comparación con los “grousses”, tenemos en cuenta la naturaleza de la perdiz salvaje actual, resabiada hasta decir basta, ya no es que no aguante la muestra ni la presencia de un perro a cortas distancias, es que además apeona que da gusto, y para eso se exige un perro que ventee por alto para detectar a largas distancias las piezas, y que además cace por bajo, es decir, que rastree los peones de las perdices cuando éstas ponen tierra de por medio entre ellas y su perseguidor. Aquí reside el éxito del perdiguero de Burgos, esa correcta ambivalencia entre el venteo y el rastreo, éste último responsable al mismo tiempo de esos cobros de ala que hacen las delicias de los cazadores. Si a ello unimos otra ventaja del perdiguero de Burgos, la dependencia del perro de su dueño, y su obediencia innata, tenemos asegurado el mejor perro para la caza de la perdiz roja española, que por algo surgió en nuestra España esta raza. Y con esto no perseguimos desmejorar otras razas, qué va, nada más lejos de nuestra intención. Sólo es exponer lo que es absolutamente evidente. Ciertamente, un perdiguero de Burgos cazando “grousses” en Escocia estaría en franca desventaja con un pointer, por una sencilla razón: el pointer se ha seleccionado con unas características apropiadas a aquel terreno, un medio caracterizado por “tierras (…) de gran extensión y (…) cubiertas solamente de brezos, sin árboles y matas altas que puedan entorpecer el campeo al galope y de gran amplitud” en las que “los “grousses” se crían en bandos como nuestras perdices y aguantan la muestra durante mucho tiempo”. Así de claro.

       El mismo aspecto es tratado por Imanol Álvarez Arteche en “El perdiguero”, trabajo mecanografiado inédito (Bilbao, 1976):

       “Si bien el pointer es el perro ideal para las grandes extensiones llanas, pero no es apto para terrenos cubiertos donde no puede utilizar su impetuosa acción, nuestro perdiguero es el mejor que rinde en toda clase de terrenos y mucho más en los que actualmente cazamos, tan duros a veces.”
Fernando Huerta Ramírez, reconocido amante de la raza, en Caza y Pesca, octubre 57, p. 616, analiza el terreno y el clima a la hora de elegir a nuestro compañero de caza:

 

            EL TERRENO.

Ni qué decir tiene que son éstos factores de principalísima influencia para nuestra elección del perro, buscando que el elegido sea en su raza el que mejor se adapte por su constitución y facultades al terreno en que generalmente vamos a utilizarlo.            
Muchas razas que hemos importado no fueron producidas para terrenos tan ásperos como nuestras serranías, sino para terrenos más suaves y templados, siendo esta la razón de que sea frecuente en tales razas la aparición de grietas y aspeaduras en sus extremidades, sobre todo cuando llevan varios días cazando, ello aparte del natural impulsivo y alocado de estos perros muy difíciles de sujetar a la voz, de no tener muchos años y gran disciplina, lo que les hace difíciles de seguir en su gran paso de caza y espantan mucha caza fuera del alcance de la escopeta..
Si de caza menor se trata, el perdiguero de Burgos, se impone sobre toda clase de perros de muestra. Su dureza y resistencia son asombrosas. Si de cazar días y días se trata, acaso sólo los ejemplares de esta raza lo pueden hacer sin padecer aspeaduras ni fatigas, tan corrientes en otras razas, pareciendo de acero sus anchas y fuertes patas”.

            EL CLIMA.

Perro más duro y fuerte para la caza menor y con mayor aguante para resistir tanto el calor y la sed como el frío y los terrenos hirientes, acaso no exista. Los más ásperos cazaderos, con nuestro abrasador sol de verano, aun sin agua, o en lo más crudo de nuestro invierno, el perdiguero de Burgos ni se acuerda de su cuerpo; sólo quiere cazar.
La resistencia al calor y al esfuerzo físico es otra de sus poderosas propiedades.  El perdiguero puede pasar gran parte de la jornada de caza sin beber y sin dejar de batir el terreno con su característico trote. También puede cazar todo el día sin experimentar gran fatiga, gracias a su fortaleza y a su característica de trotador. Otras razas que galopan como el setter y el pointer se caracterizan por ser perros muy rápidos, pero no  aguantan igual una jornada de caza en terrenos secos y áridos. Nuestro perdiguero es un trotador, un corredor de fondo que caza con el mismo ritmo y pasión desde la primera hora de la jornada hasta la última.

 

       Nuestra raza se caracteriza también por una gran fortaleza de sus pies y almohadillas, adaptada a la aspereza de los terrenos áridos y pedregosos propios de nuestra geografía en donde nuestro perdiguero se ha formado. Por ello nuestro perro se ha hecho a si mismo conforme a unas características apropiadas para nuestro terreno, por lo que las aspeaduras son desconocidas.

 

 

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