Caza

Un perro polivalente y obediente

       Cuando nos hacemos con un cachorro no nos planteamos que debemos adaptarnos al perro, sino lo contrario, y por ello muchos echan mano de collares electrónicos –que muchas veces son mal empleados-, ajetreados programas de adiestramiento, y un sin fin de medidas para tener “un buen perro adaptado a las condiciones del cazador”, pero todo es más fácil si el animal posee desde el principio condiciones para adaptarse a nosotros. Esa es una de las mejores características del perdiguero de Burgos: su facilidad para hacerse al dueño, dada la dependencia que tiene del mismo, por sus constantes miradas al dueño en sus devaneos por el cazadero, y el poco tiempo que necesita para aprender. No existe perro tan obediente ni fácil de adiestrar como el perdiguero gracias a la  dependencia que tiene de su dueño. Es necesario ser propietario de un ejemplar para comprobar el amor que esta raza tiene hacia sus dueños. Cuando vamos de caza el perdiguero tiene la misma dependencia, y está siempre pendiente de los gestos y las órdenes de su dueño, por ello caza a tiro de escopeta como ninguna otra raza, sólo es necesario un adiestramiento básico.

       El Doctor Muñoz Seca decía que “Nosotros cazamos a la española, es decir, el perro debe mostrar la caza y levantarla luego suavemente, y servir la pieza al cazador para que la tire y luego cobrarla. Con nuestra psicología, exigimos de un solo perro la totalidad del trabajo”. Qué mejor perro que un perdiguero de Burgos para cazar “a la española”.

       El perdiguero de Burgos se adapta en el monte al ritmo que le impone su dueño, siempre está atento a sus órdenes con una enorme facilidad para comprenderlas. Como la dependencia del perdiguero hacia su dueño es innata, con sucesivos giros de cabeza va percatándose de su situación y la distancia que les separa. Si en algún momento no encuentra la figura de su dueño no duda en dejar de cazar y buscarle, esta condición natural es de incalculable valor pues así el cazador se puede centrar en la caza y no en las reprimendas a su perro por alejarse en exceso y espantar la caza cuando la tiene a tiro. En la actualidad muchos perros en el campo se convierten en un espantacaza.

       La polivalencia para todo tipo de caza se basa en su origen: al cruzar el antiguo sabueso español y el perro de punta ibérico se unen dos aptitudes en una, de esta forma de dos razas especialistas en mostrar y rastrear conseguimos un perro que en su sistema de caza emplea la nariz para rastrear piezas de pelo y piezas heridas –los cobros de perdices alicortadas son memorables, cualquier cazador lo puede atestiguar- y que a la vez  muestra la caza. Dada la naturaleza de la perdiz salvaje actual, resabiada hasta decir basta, todos sabemos que ya no es que no aguante la muestra ni la presencia de un perro a cortas distancias, es que además apeona que da gusto, y para eso se exige un perro que ventee por alto para detectar a largas distancias las piezas, y que además cace por bajo, es decir, que rastree los peones de las perdices cuando éstas ponen tierra de por medio entre ellas y su perseguidor. Aquí reside el éxito del perdiguero de Burgos, esa correcta ambivalencia entre el venteo y el rastreo, éste último responsable al mismo tiempo de esos cobros de ala que hacen las delicias de los cazadores. Si a ello unimos otra ventaja del perdiguero de Burgos, la dependencia del perro de su dueño, y su obediencia innata, tenemos asegurado el mejor perro para la caza de la perdiz roja española, que por algo surgió en nuestra España esta raza.

 

 

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